Jorge Yeshayahu Gonzales – Lara
La diáspora peruana, que hoy supera los tres millones de personas en el mundo, constituye un actor estratégico para el país: aporta remesas, proyecta cultura, fortalece la Marca Perú y genera redes de conexión global. Sin embargo, en contraste con otros colectivos migrantes, los peruanos enfrentan una paradoja: carecen de cohesión y de confianza mutua. Más allá de las diferencias individuales, la envidia y la desconfianza se han convertido en patrones culturales que limitan la construcción de proyectos colectivos y que marcan, incluso en el extranjero, la forma en que los compatriotas se relacionan entre sí. Este fenómeno no es fortuito: hunde sus raíces en la historia social del Perú y se expresa de manera evidente en espacios institucionales como los Consejos de Consulta de las Comunidades Peruanas en el Exterior.
1. Herencias históricas y sociales
Desde la Colonia, el Perú se estructuró bajo jerarquías raciales y sociales que dividieron a criollos, indígenas, mestizos y afrodescendientes. Estas divisiones generaron un sistema de competencia permanente en el que el ascenso de uno se percibía como amenaza para los demás. A ello se suma un Estado históricamente débil y poco confiable, que incentivó la desconfianza hacia las instituciones. Estos patrones culturales —competencia, rivalidad, sospecha— no se disolvieron con la migración, sino que se trasladaron intactos a la experiencia de la diáspora.
2. La envidia como práctica cultural
La envidia, en el caso peruano, no debe entenderse solo como un sentimiento individual, sino como una práctica social. Se expresa en frases recurrentes: “seguro lo logró con favores”, “no merece ese reconocimiento” o “algo raro habrá hecho para llegar allí”. Esta cultura erosiona la capacidad de celebrar los éxitos ajenos y convierte el triunfo individual en motivo de división, no de orgullo colectivo. En la diáspora, esto se observa en la competencia entre restaurantes, en los conflictos dentro de asociaciones culturales, en la descalificación de líderes comunitarios y en la resistencia a reconocer a quienes alcanzan posiciones de visibilidad pública.
3. La desconfianza como norma social
La desconfianza, por su parte, tiene raíces en la relación histórica de los peruanos con el Estado y las instituciones, percibidas como corruptas o ineficientes. En el extranjero, esta desconfianza se proyecta hacia los propios compatriotas. Así, las asociaciones regionales, clubes y cámaras empresariales suelen fragmentarse por sospechas de mal manejo de fondos o favoritismos. La consigna no es “trabajemos juntos”, sino “no dejemos que otro se aproveche”. Este clima impide consolidar proyectos comunes de largo plazo.
4. La experiencia de los Consejos de Consulta
La creación de los Consejos de Consulta de las Comunidades Peruanas en el Exterior representó un intento del Estado por institucionalizar la voz de la diáspora y acercarla a la política nacional. Estos consejos buscaban canalizar demandas, asesorar a los consulados y articular a los peruanos en el exterior como comunidad política. Sin embargo, en la práctica, se convirtieron en un espejo de las tensiones culturales descritas:
1. Participación limitada: Muchos peruanos prefieren no involucrarse porque perciben que los Consejos no tienen poder real o que quienes participan buscan beneficios personales.
2. Fragmentación interna: Lejos de unificar, en algunos casos los Consejos reproducen rivalidades regionales, ideológicas y generacionales.
3. Desconfianza institucional: Parte de la diáspora percibe a los Consejos como extensiones del consulado, más que como órganos autónomos de representación.
4. Percepción de trampolín político: Se sospecha que algunos candidatos los utilizan como plataforma para aspirar a cargos en el Congreso o a posiciones de influencia, lo que alimenta la crítica y la envidia.
Pese a estas dificultades, los Consejos han mostrado potencial. En algunos lugares han logrado organizar festivales culturales, brindar apoyo en emergencias, articular redes educativas o de emprendimiento. Esto demuestra que, cuando se superan las barreras de envidia y desconfianza, los Consejos pueden convertirse en espacios de empoderamiento comunitario y de diplomacia ciudadana.
5. Consecuencias para la diáspora peruana
La persistencia de la envidia y la desconfianza trae consigo efectos palpables:
• Proyectos colectivos débiles: Las iniciativas comunitarias carecen de continuidad y muchas veces terminan en división.
• Triunfos aislados: El éxito de un restaurante, un artista o un académico se celebra de manera individual, pero no se convierte en capital social de la comunidad.
• Desencanto generacional: Jóvenes peruanos nacidos o criados en el exterior sienten que los espacios comunitarios son opacos o conflictivos, y prefieren mantenerse al margen.
6. Posibilidades de transformación
El cambio es posible si se logran enfrentar estas barreras culturales:
• Fortalecer la transparencia y la rendición de cuentas en los Consejos de Consulta: Institucionalizar mecanismos claros que reduzcan sospechas y generen confianza.
• Construir narrativas colectivas: Transformar los éxitos individuales en logros compartidos que fortalezcan la identidad de la diáspora.
• Usar la gastronomía y la cultura como modelos de cohesión: La cocina peruana, orgullo colectivo indiscutible, demuestra que sí es posible la unión cuando se pone al centro lo que nos representa a todos.
Conclusión
La cultura de envidia y desconfianza entre peruanos no es un destino inevitable, sino el reflejo de una historia de jerarquías, competencia y desconfianza institucional que aún nos atraviesa. La experiencia de los Consejos de Consulta muestra tanto las limitaciones como las oportunidades de superar ese patrón. El desafío consiste en transformar la sospecha en confianza, la envidia en cooperación y la fragmentación en unidad. Solo así la diáspora peruana podrá consolidarse como un sujeto político legítimo y estratégico, capaz de convertir su energía creativa en proyectos colectivos y de proyectar al Perú al mundo no solo como potencia cultural y gastronómica, sino también como comunidad organizada y solidaria.
Miami, Florida setiembre 21, 2025



